Fiestas de Ibarra Ecuador - "Fundación de Ibarra"

Fiestas de ibarra - 28 de Septiembre de 1606 Ibarra Ecuador

Fundación de Ibarra 28 de Septiembre de 1606

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La Fundación de Ibarra y su salida al mar

Por Carlos Rivadeneira

Fue un día como hoy -28 de septiembre de 1606- cuando el Sr. Capitán Don Cristóbal de Troya, “vecino, encomendero y Regidor de Quito”, por mandato del Sr. Licenciado Don Miguel de Ibarra, VI presidente en la serie cronológica de la Real Audiencia de San Francisco de Quito, “en el nombre de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero, en quien debemos creer y adorar; tomando por intercesora a la esclarecida y soberana Virgen María Nuestra Señora, para alcanzar misericordia y merced, y por abogado y patrón al Príncipe de los Ángeles y Arcángeles San Miguel”, puebla, funda y establece la Villa de San Miguel de Ibarra, en el extenso y hermoso valle de Carangue, “por ser la parte más cómoda y llana y de mejor temple que hay en el dicho Tomado de la Gaceta Municipal Porvalle y su comarca y porque se podía por dicho paraje abrir el camino más breve para ir a Panamá”.

La noble y española Villa queda desde entonces legalmente establecida, así como su ilustre Primer Cabildo, cuyas patrióticas y acertadísimas actuaciones, desde sus primeros años hasta hoy, no han buscado otro noble propósito que no sea su progreso y engrandecimiento y el bienestar moral y material de sus hijos.

Y así junto a las casas del Cabildo, se asientan españoles templos, símbolos de cultura y civilización de la Iglesia de Cristo irradiara por todos los rincones del orbe. Y España, nuestra patria madre, la descubridora y conquistadora, la civilizadora y espiritual España deja creado un nuevo pueblo suyo en las vírgenes y bellas tierras de la América de Colón. Han pasado 399 años, y la española Villa de 1606, la rebelde de 1809, erigida Ciudad de 1 811, la triunfante de 1823, la destruída de 1868, la renacida de 1872 se yergue hoy, espiritual y magnánima, progresista y sonriente, hospitalaria y noble, hidalga y generosa, cual lo fue siempre a través de las páginas de su honrosa historia. Empero, en este 399 aniversario de su feliz fundación, no hemos de contentarnos sólo con evocar románticamente sus blasonadas y bien ganadas glorias: tenemos latente un sublime ideal insatisfecho, acariciado desde hace más de tres siglos, como que fue el principal móvil que impulsó a nuestros españoles fundadores a plantar nuestra ciudad en este hermoso Valle: nuestra salida al mar de Balboa por las playas de Esmeraldas.

Este viejo y siempre nuevo ideal Ideal de todo ecuatoriano patriota y bien nacido acariciando y defendido ardorosamente desde 1598 por Hernán González de Saá y Juan de Barrio Sepúlveda; por Miguel de Ibarra, 1606; por Cristóbal de Troya, en 1607; por el Ilustre Mercedario Fray Tomás Jaramillo, en 1616; por Pablo Durango Delgadillo, en 1617; por el sabio Jesuita Juan Sanz Morgáez, en 1618, y en adelante: por el Marqués de Montes Claros, Barón de Carondelet, Monseñor Cuero y Caicedo, Simón Bolívar, Francisco José de Caldas, Pedro Vicente Maldonado, Federico González Suárez, Alejandro Pasquel Monge, Juan de Dios Navas y cine ilustres varones, honra de su patria y prestigio de América; este Ideal, irrenunciable y eterno, supervive aún después de cuatro siglos de constante y tenaz lucha, frente a las incomprensiones, al antipatriotismo y al engaño que mezquinamente han obstaculizado la realización de tan grandiosa Obra, de indiscutible importancia nacional, que en cualquier otra nación se la habría ejecutado en menos de una década de trabajo. Es una pena que en más de cien años de vida republicana no haya sido posible realizar el ferrocarril a Esmeraldas, siendo así que su importancia es indiscutible y como tal ha sido reconocida, no solamente por los congresos, sino también por técnicos de positivo valor y prestigio profesional, quienes han ponderado las incalculables ventajas de esta línea férrea que no puede ser sustituida por ninguna otra vía de comunicación si en verdad buscamos el desarrollo económico del país” expresaba el 6 de abril de 1934 su impertérrito e incansable defensor, Sr. Don. Víctor M. Guzmán, ilustre Director del prestigioso Vocero Ibarreño “El Ferrocarril del Norte”.

En el propio año, el actual Mandatario de la Nación Sr. Dr. José María Velasco Ibarra, entonces presidente electo de la República, después de reconocer la importancia nacional del ferrocarril Ibarra-San Lorenzo, y de aplaudir el constante e indeclinable entusiasmo de los pueblos del norte, en esta ciudad, manifestó públicamente que durante el Gobierno convertiría en halagadora realidad lo que hasta aquí ha constituido un secular empeño de las provincias setentrionales.

Y el 19 de diciembre de 1944, el Dr. Don. Velasco Ibarra, presidente constitucional de la República por segunda vez, aquí en Ibarra, tuvo la entereza patriótica de declarar nuevamente que el Ferrocarril Ibarra-San Lorenzo lo terminaría su Gobierno en el lapso de tres años, solemne promesa que el Pueblo Ibarreño la recibió lleno de ardoroso entusiasmo y profundo optimismo y que, confiado espera serenamente su estricto cumplimiento. Porque las palabras del patriota magistrado no fueron no podían serlo jamás mera plataforma política. Una promesa incumplida anota en su sesudo Editorial el prestigioso Diario el Comercio, de 8 de ese meses mil veces más reprochable que un esfuerzo que no llega a su fin por deficiencias económicas o técnicas. Se ha creído que en el término de tres años se podía terminar la línea del ferrocarril, mientras la práctica de lo que acontece realmente en los trabajos está demostrando que no se podrá cumplir con el ofrecimiento, de continuarse en la forma actual. Y este es un caso que merece mayor atención gubernativa. Fue un error que entre aquello que se estima fundamental no se haya puesto al ferrocarril que en nuestro concepto está llamado a causar la segunda independencia del Ecuador y más con el movimiento regionalista que esta efectuándose a ojos vistas de toda la Nación, que hasta ahora permanece insensible a ello, la Comunicación con el mar por el norte es una necesidad vital, y así hay que tratarla y considerarla.