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3 de Noviembre de 1820 Independencia de Cuenca

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3 de Noviembre de 1820 Independencia de Cuenca

El 3 de noviembre de cada año la ciudad de Cuenca celebra un aniversario más de su gesta libertaria, acontecimiento acaecido el 3 de noviembre de 1820. Si bien es cierto que en 1795 circularon en Cuenca unos manuscritos que invitaban: "A morir o vivir sin el Rey, prevengámonos; libertad queremos y no tantos pechos y opresiones". Sólo fue cuando estalló la revolución de Quito, el 10 de agosto de 1809, y a pesar de que Cuenca seguía siendo un bastión realista, empezó ahí y además en Guayaquil y Pasto, donde se prepararon tropas para someter a la Junta Soberana instaurada en la capital de la Audiencia.

Sin embargo, la coyuntura favorable para la emancipación de la ciudad y su región de influencia sobrevino una década más tarde, después del pronunciamiento libertario de los criollos de Guayaquil del 9 de octubre de 1820. Para entonces, Cuenca era otra de las regiones socioeconómicas clave en la estructura del país colonial y las escasas familias criollas propietarias de tierras, así como la élite de comerciantes, manejaban las riendas del poder local, manteniendo estrechos lazos económicos con Guayaquil y Lima. Tras la emancipación de Guayaquil, esa capa dominante advirtió las ventajas que reportaría la liberación de la región contra el colonialismo hispánico y, entonces, se decidió por la definitiva independencia.

Independencia de Cuenca Ecuador historia y personajesHISTORIA

Habían transcurridos 238 años desde cuando el 12 de abril de 1557 Gil Ramírez Dávalos, el fundador de Cuenca, hizo jurar lealtad al soberano de España a los caciques Hernando Leopulla, Juan Duma, Luís Chabancayo o Juca y otros, con la mano sobre el misal, en nombre de un Dios recién llegado a América.

Los patriotas cuencanos de 1820 habían decidido acabar con el yugo colonial para encontrar la ruta de su propio destino. José María Vázquez de Noboa, Joaquín Salazar y Lozano, Tomás Ordóñez, León de la Piedra, José Cisneros, Pedro y Felipe Serrano, Vicente Toledo, Joaquín Astudillo, Zenón de San Martín, Gerónimo Illescas, Fernando Coronel, José Moscoso, Ambrosio Prieto, son algunos nombres de los conspiradores.

Antonio Díaz Cruzado, Gobernador representante de la autoridad española, había accedido a entregar el mando a los patriotas el primer día de noviembre de 1820, pero al ser descubierto el proyecto, fue tomado prisionero y enviado a Quito por los caminos del Cañar.

Le sucedió en el cargo Vásquez de Noboa, Segundo Alcalde, quien el tres de noviembre mandó a pregonar bandos reales en la plaza central de Cuenca, lo que fue aprovechado por los rebeldes para sorprender a la escolta y desarmarla: todo había sido planificado con el secreto apoyo de Vázquez de Noboa.

Los patriotas, provistos de armas -escasas, por cierto-, se apertrecharon en la plaza de San Sebastián, para preparar el ataque al cuartel rigurosamente guarnecido por l09 soldados realistas al mando de Antonio García Tréllez.

La plaza central -hoy Parque Calderón-, era escenario de repetidas escaramuzas, con la reacción del pueblo en favor de la independencia. ¡Que viva la libertad, abajo los chapetones, abajo la terquedad!, eran los gritos de la gente ansiosa de acabar con el dominio extranjero.

Tomás Ordóñez, que había sufrido una herida de bayoneta en una pierna durante el asalto a la escolta, recorría por la ciudad sobre una acémila sin ensillar alentando los ánimos de todo el mundo e invitando a sumarse al movimiento libertario.

Las fuerzas eran desiguales. Al atardecer, por seguridad, los patriotas prefirieron trasladarse al barrio de El Vecino, desde donde se podía dominar la ciudad y también conseguir refuerzos de gente que venía por los caminos del norte.

"Esta situación, grave de suyo, y mucho más aún para una ciudad donde era ésta la primera vez que se oía el estrépito de un combate, se prolongaba sin esperanza alguna de solución. Las horas del día 3, desde la del asalto, todas las de la noche del mismo día, y las del 4 siguiente, gastadas en infructuosa lucha, eran para descorazonar aún a los más bravos. Parece que los patriotas pensaban ya en una retirada definitiva, y que aún la habían comenzado por los dos caminos de El Rollo, cuando asomó allí, este último día, el célebre cura de Chuquipata, el maestro Javier de Loyola, con numerosos refuerzos de gente blanca y de indígenas armados", escribe Octavio Cordero Palacios.

Reforzados, los patriotas, rehicieron filas. Al caer de la noche se apoderaron de la plaza central, tomaron el cuartel que abandonaron en fuga los realistas y proclamaron triunfales la independencia de Cuenca.

El cura Loyola se sumó a la lista de héroes de la jornada y el pueblo le aclamaba con entusiasmo: "¡Que viva el cura Loyola, que viva la libertad. Abajo los chapetones, que muera la terquedad!", era la copla que resonaba en las calles de la ciudad.

Entonces quedó derogada la obligada promesa de 1557, cuando Pedro Muñoz y Alfonso Flores Dávila, en nombre de hombres, mujeres, niños y naturales de esta provincia, con las manos sobre los Evangelios, juraron "que le obedecemos e obedeceremos, e tenemos e tendremos por nuestro Rey e Señor natural, al cual Dios Nuestro Señor ensalce e guarde e prospere por muchos e largos tiempos con aumento de muy mayores Reinos e Señoríos, e como leales vasallos e súbditos obedeceremos e cumpliremos los mandamientos, leyes, ordenanzas, cartas e provisiones de su Majestad, como de nuestro Rey e Señor natural; so cargo del dicho juramento e homenaje, en nombre de toda la ciudad e provincia, guardaremos e procuraremos a todo nuestro leal poder, la vida, salud, honra e provecho de su Majestad del rey D. Felipe nuestro Señor, y el que así como dicho es, no lo toviere, hiciere e cumpliere, caiga por ende en tal pena como si hiciese la mayor traición que puede ser fecha, e caiga en caso de pena de traición, crimine legis majestatis, e por tal sea habido e tenido, e por perjuro, infame e fementido; e a la fuerza e gravedad del dicho juramento, decimos cada uno de nos, sí juro e amén..."

José María Vázquez de Noboa comunicó la hazaña libertaria al Vicepresidente de Colombia, general Santander: "Los días 3 y 4 del presente fueron los de la mayor ignominia para los agentes del despotismo: en ellos vieron que al valor nada se resiste, y convencidos de la impotencia de sus armas y de que la sangre de los patriotas derramada por ellos infructuosamente solo servía para electrizar a los que se habían decidido por la noble empresa de recobrar los derechos usurpados a sus mayores, se decidieron mal de su agrado a la entrega del cuartel, y a que reinase el orden, la unión y alegría que forma el carácter de los patriotas".

Cuenca Ecuador

Y así se forjó la Libertad e Independencia de Cuenca, los precursores de ella, también pensaron en amasar la grandeza de su pueblo bajo la égida de la libertad. Cuenca, ha contribuido eficientemente al enriquecimiento de la cultura ecuatoriana, ha puesto su aporte positivo en el adelanto espiritual y material de nuestra Patria, llamada con justo honor la Atenas del Ecuador, en conjunción de ideales, por sus hijos emigrados y residentes en esa cuna de hombres ilustres, ha sido transformada en una floreciente ciudad, gracias a la constancia y esfuerzo de sus hijos, Cuenca hoy está llena de un futuro promisorio con sus cantones que tienen un panorama de inefable belleza; pues el hermoso paisaje azuayo se presta para el turismo, la bella chola cuencana, cincelada cual diamante, nace del folclor ecuatoriano en un capítulo de singular importancia.

Las riveras del Tomebamba son encantos de poesía, con las piedras que hablan y el río que canta, en fin, la urbe con sus bellos edificios como la magnífica Catedral y otros de arte colonial, hablan de Cuenca del Ecuador por su pujanza entrelazada con soberbios edificios de audaces formas.

Con una población de más de 450.000 habitantes, Cuenca es la tercera ciudad más importante de la nación, considerada como la ciudad más atractiva del Ecuador, por propios y extraños, por mantener la tranquilidad y hermosura de una ciudad pacífica, puerta a la amazonía.